La herramienta de la lectura será para el ser humano, algo indispensable. Dotado de inteligencia para adquirir el hábito de abstracción y posterior reelaboración de los contenidos conceptuales, es realmente un crimen dejar a una persona humana apartada del ejercicio de esta disciplina.
Para ser más concretos, la capacidad de obtener conocimientos mediante la lectura, es un derecho y un deber insoslayable.
Pero como todo hecho social, no es "ipso facto" o automático. Requiere tanto de un despliegue en el tiempo como en el espacio. Por un lado obtener la habilidad manual para delinear cada letra y palabra, o bien para lograr teclear frente a un monitor. Y al mismo tiempo, pero también desplegado en el tiempo, se van alcanzando procesos internos de conceptualización. Se "apropia" ese ser humano de una idea. Y ya quedará fijada en su mente. Será un "producto" más del cual disponer en ese almacén de conceptos, disponibles para manipular efectuando las combinaciones que considere necesarias.
Pero, aquí surge un gran debate. ¿Quién podría determinar a ciencia cierta el nivel de inteligencia que cada persona ha logrado? ¿Se trata de voluntarismo? ¿de un determinismo genético, acaso una construcción social...?
Muchos test hablan acerca de determinados niveles de inteligencia. Sin embargo, sería más conveniente reparar en un hecho, que para la opinión pública poco se destaca. Esto viene a ser, el ejercicio que supone la lectura de materiales, que aunque sean básicos, puedan de manera consistente y sistemática, aumentar esa característica tan llamativa cuando se la ve, llamada "inteligencia".
Por un lado, quiero aclarar que me refiero a una opinión pública situada en el año 2010, que pondera en mayor estima a la capacidad visual, frente a una computadora, que en sí mismo a la capacidad o comprensión lectora de un hecho X, (tema que aquí nos ocupa).
Y por otro lado, hago referencia a la lectura sencilla, cotidiana, y capaz de leer algo hasta incluso"naif", pero tan motivadora como una gran novela o libro de ciencias. Me refiero a ejercitarse en libros pequeños, cuentos cortos, ensayos simples, cartas manuscritas, diarios o revistas viejas.
Todo esto, puede llevarnos a un gran ejercicio de la lectura, que estimulado por un ambiente propicio genere hábitos o conductas positivas tendientes a una carrera universitaria. Si de esta manera el individuo lo deseara y con viento a favor, los medios tanto humanos como económicos estuvieran a su disposición.
Insisto, en adquirir un hábito sencillo, sano, tal vez hasta pequeño desde pequeños, para lograr grandes resultados. Tan ansiados por algunos, tan necesitados por la sociedad toda.
Marina Natalia Braeckman
Lic. en Comunicación Social
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